Los humanos somos tan complicados por dentro...¿no creéis? Mil pensamientos a la vez recorren nuestra mente sin encontrar una vía para ser expresados con claridad. Y aquellos que sí son lo suficientemente claros porque estamos seguros de ellos, nos da miedo decirlos en voz alta.
Tal vez porque son extraños, por vergüenza a que los demás se rían o porque con ellos revelaríamos verdades que cambiarían o destruirían nuestra relación con quienes mejor nos sentimos.
Por ejemplo, te gusta una chica, la quieres mucho, pero es tu amiga y no quieres perderla como tal. Sin embargo, al final, la curiosidad por saber que pasará(sea bueno o malo) se impone y se lo dices de forma más o menos clara. Y entonces, esa persona o bien te corresponde y comienza una historia o resulta que sólo piensa en ti como un amigo y os vais distanciando cada vez más.
Y si se da la segunda situación(si teneis la suerte de dar con la primera, enhorabuena), comienza un periodo bastante malo, pues aunque esa persona te importa mucho, no sabes que decirle, y cada vez que la miras sientes una mezcla de alegría y de... la palabra que mejor lo define es dolor. Tal vez arrepentimiento, por haber sido un bocazas, o algo parecido. Tranquilos, tarde o temprano acabará el sufrimiento(más tarde que pronto, seguramente) y si tenes suerte volvereis a hablar con ella/el, aunque no es probable. Es mejor habituarse a lo malo que andar siempre sufriendo por querer encontrar lo bueno, pues ese camino nos puede llevar a mostrar nuestra peor cara, o revelar quiénes somos en realidad.
Con esta entrada no quiero contar algo que me haya pasado a mi, ni dar lecciones a nadie, sólo avisaros de lo que puede ocurrir si nos vamos de la lengua.
A veces dejar que los sentimientos claros y seguros se pierdan de nuevo entre sus miles de hermanos sin forma definida, es mejor que permitir que vean la luz.
Porque hasta en la luz hay sombras.
Dáyn
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