martes, 22 de mayo de 2007

El Ángel Caído

No podía seguir bajo su mando. Había sido su más perfecto y bello vasallo, su mejor criatura, su más poderoso servidor. Pero se dio cuenta de que no por ser su hijo tenía que seguirlo. No por haber sido creado por él tenía que obedecer sus inescrutables designios.
Por tanto, reunió a sus fieles servidores y los convocó para la gran batalla que decidiría su destino. Estaban en inferioridad numérica pero aun así eran muchos y muy fuertes, y sobre todo, el ángel más perfecto de todos, al que llamaban Portador de Luz, estaba con ellos.
Él miró su rebelión como si fuese un pequeño insecto, y envió sus ejércitos dorados para acabar con Lucifer y sus huestes renegadas, con los herejes.
En el centro del cielo, las espadas luminosas de los arcángeles leales a Dios chocaron con las ígneas hojas que esgrimían los ángeles renegados.
Como no podía ser de otra forma, la batalla se perdió, y todos los servidores de Lucifer quedaron reducidos a la nada. Pero Él, como castigo ejemplar, creó un submundo bajo la tierra de los hombres, el Infierno, para así poder enviar allí a todos los que no tenían lo que Él llamaba un buen corazón.
Y Lucifer, que no había podido ser vencido por ningún arcángel, irrumpió en el salón donde Él habitaba, las alas negras abiertas y desafiantes, la espada llameando fuego oscuro.
-No puedes controlarlo todo, Padre-dijo Lucifer.
Dios no respondió. Se limitó a señalarlo con el dedo esbozando una sonrisa de arrogancia, y al instante, el suelo se abrió bajo sus pies y comenzó su caída a través de un espiral de dolor y sufrimiento, en un vórtice que lo convirtió en una Bestia, en algo que los hombres conocerían como el Maligno, Leviatán, Belial, Satanás, Asmodeo...
Cayó en el Infierno siendo ya más criatura que otra cosa, con una forma bestial y deforme que en nada se parecía a su antigua perfección.
Aquel sitio era feo, oscuro y ardiente a la vez.
Aquel sitio lo puso aún más furioso con su Padre.
Y fue en aquel instante cuando la Tiniebla, que había aguardado su momento en las sombras, entró en el corazón del Portador de Luz y acabó eclipsando todo lo demás.
La Oscuridad había nacido, y su mayor avatar también.
Había surgido el Ángel Caído.

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